Eco reivindica el derecho a olvidar
El escritor analiza en Bolonia la
relación entre universidades y medios de comunicación
“Sufrimos un exceso de memoria”,
y la universidad ha de enseñar a separar “lo aprovechable de la basura”
BOLONIA.
Servicio especial - 20/09/2004
Frente al aluvión de informaciones y al exceso de oferta bibliográfica, Umberto Eco reivindica el derecho a olvidar. El escritor
italiano considera que en la sociedad del conocimiento hay muchas cosas que no vale
la pena conservar, y opina que el papel fundamental de las universidades debe
ser enseñar a los alumnos a separar lo bueno de lo malo, lo aprovechable de la
basura. Eco habló el viernes en el aula absidal de la Universidad de Bolonia,
en unas jornadas organizadas por el Observatorio Magna Carta, una asociación
que agrupa a cientos de universidades europeas comprometidas con la tradición
humanista de la educación superior.
El tema del encuentro fue la relación entre las universidades y los medios de comunicación,
dos instituciones que reclaman el derecho a descubrir la verdad y a ofrecer a
la sociedad democrática el conocimiento necesario para el progreso, la libertad
y la paz. En este sentido y en nombre de los periodistas europeos, Xavier Mas
de Xaxàs, ex corresponsal de La Vanguardia en Estados
Unidos, manifestó que “la democracia consiste en destapar la verdad y nadie
puede servir mejor a este propósito que un reportero con un lápiz y un bloc de
notas”.
Con el aula absidal repleta de autoridades italianas, rectores de universidades
europeas y estudiantes de la Universidad de Bolonia, Eco manifestó que
“sufrimos un exceso de memoria”, aunque reconoció que el otro extremo también
es malo porque “sin memoria caemos en una crisis de identidad”. Si la memoria
es “lo que creemos importante recordar y lo que creemos importante olvidar”, el
progreso, a juicio de Eco, se consigue enterrando toneladas de conocimiento que
no sirve para nada. “¿Quién se acuerda de Calpunia,
la mujer de Julio César?”, se preguntó. Hemos arrojado a Calpunia
a la papelera, pero hemos conservado a César, porque “recordarlo todo es de
idiotas: no se puede recordar demasiado”.
La tarea de separar la cal de la arena corresponde, según Eco, a las
universidades. Mas de Xaxàs,
por su parte, manifestó que antes que ellas están los medios de comunicación.
Son ellos, a su juicio, los que mejor pueden conservar el presente y, por
tanto, garantizar que la memoria no estará contaminada,
es decir, que será óptima para construir el futuro. El periodista, sin embargo,
considera que los medios de comunicación, al igual que las universidades,
sufren presiones políticas y económicas que desvirtúan su naturaleza. Opinó que
los medios, en ocasiones, son tan débiles para controlar la actualidad, que están
más allá de la mentira. “Vivimos en un medio tan apocalíptico e integrado, tan
reducido al mínimo común denominador de un cómic, que ya no podemos distinguir
la ficción de la realidad”. Ante esta situación, Eco lanzó un cable: “Sólo en
las universidades se puede formar al ciudadano responsable, capaz de resistir
la manipulación de los medios”.
El doctor Ken Edwards, de
la Universidad de Cambridge, reclamó mucha más ética
a los medios, igual que a las universidades, para atender sus responsabilidades
sociales, mientras que el profesor Peter Scott, de la Universidad de Kingston, manifestó que tanto
los medios como las universidades nunca han sido tan necesarios y, sin embargo,
tan débiles. John O'Leary,
director de The Times Higher
Education Suplement, atribuyó
esta debilidad a que ni unos ni otros, aunque mucho menos los medios, pueden
resistir la presión política y económica, y, por tanto, caen en la autocensura.
Josep Maria Bricall, uno de los rectores que
impulsaron el Observatorio Magna Carta, reconoció al clausurar las jornadas que
medios y universidades comparten muchos valores fundamentales para el
desarrollo de la libertad y la democracia. El mejor ejemplo es que Magna Carta
nació en 1988 con la intuición de que la URSS hacía aguas y con el propósito de
guíar a los países comunistas en la transición a la
sociedad del conocimiento. Cerca de 500 universidades europeas y
centroasiáticas forman parte de este observatorio.
La Vanguardia, 20 de septiembre de 2004