El abogado Joan Piqué reconoce que medió en
los sobornos al juez Estevill
Joan Piqué descargó
la responsabilidad de los pagos al juez en el ex presidente de Fecsa Luis Magaña y en el abogado Juan Vives
En la sala se reprodujo una conversación telefónica donde Piqué le dice
a un imputado que “todo está arreglado”
SANTIAGO TARÍN - 16/09/2004
Barcelona
Cuestión de detalles. El abogado Joan Piqué Vidal dijo que no sabía nada de
cómo y donde se hicieron los pagos al ex juez Lluís Pascual Estevill
–“yo en los detalles no entraba”–, pero reconoció ante el tribunal que medió en
los sobornos que recibió éste en dos asuntos por alterar la situación personal
de imputados en su juzgado.
El núcleo del juicio se centra en dos procesos, conocidos como Idapsa y Macosa. Ambos fueron
instruidos por el juez Lluís Pascual Estevill. A
estas alturas del juicio se ha reconocido que se pagaron 75 millones de pesetas
en sobornos, pero los acusados van desplazando el protagonismo. El magistrado
admite que cobró, pero señala a Piqué como cerebro. Ayer, el letrado reconoció
que había mediado, pero descargó la responsabilidad en el ex juez y en Luis
Magaña (que está muerto) y Juan Vives (que está incapacitado).
De esta forma, explicó que en el año 1991 participó en el caso Idapsa, pero su versión difirió de lo narrado por Pascual,
quien aseguró que el letrado le propuso en pacto. Según Joan Piqué, la
proposición la hizo el ex juez tomando un café en Terrassa. El argumento es que
sus ingresos habían bajado. Acto seguido le preguntó si sus clientes, los
hermanos Ferrero, propietarios de Nutrexpa, que
estaban siendo investigados y eran representados por Piqué, pagarían 25
millones. Luego, Estevill anotó en una servilleta el
número de su cuenta en Suiza.
El letrado añadió que hizo llegar la oferta a sus clientes y que no supo más.
Luego le dijeron que todo se había arreglado. El fiscal inquirió si quedaron
contentos:
–Muy contentos no debieron quedar, porque fueron a otro abogado.
En cuanto a Macosa, aseguró que se enteró de la
querella por un periodista. Tras averiguar que habían sido clientes del
departamento mercantil de su despacho, le dijo al letrado que llevó el tema
“llama al cliente a ver si pescamos el asunto”.
Una vez lo consiguieron, supieron que iban a decretar prisión para dos
directivos: Albiñana –que estuvo en la cárcel – y Eduardo Santos, ex
subsecretario de Industria, que estaba en el extranjero. Aquí, dice Piqué, se
aplicó la que denominó “el plan (o también solución) Vives”. La definición:
pagar al juez y llevar el asunto a la Audiencia Nacional. El letrado insistió
en que se “habló de precios”, pero que todo lo llevaban Juan Vives (un abogado
que está incapacitado por una enfermedad mental) y Luis Magaña (ex presidente
de Fecsa, ya fallecido), que presumían de amistad con
Estevill. El letrado expresó que tenía “unas ganas
locas de que se supiera la verdad”, pero que no denunció ni dio la cuenta de Estevill durante años para “no defraudar la confianza” que
le habían dado.
Joan Piqué asumió como propia “la solución Vives”, que consideró la única
posible. También dijo que hizo creer a sus clientes que estaba participando en
las negociaciones con el juez. En la sala se oyó una conversación telefónica
grabada por el propio Santos esos días, cuando Piqué le llamó a Estados Unidos
y le dijo: “Todo está arreglado”. A continuación le indicó como volver a España
sin ser detenido y le dio garantías de que no sería molestado en el juzgado.
Ahora bien, él, en los detalles, no entraba.
Retrato
de una época
Este no es
simplemente un juicio por corrupción judicial. No es sólo la causa contra un ex
juez aupado a cargos políticos, Lluís Pascual Estevill,
y un abogado influyente de la ciudad, Joan Piqué, que contó entre sus clientes
a Javier de la Rosa o Jordi Pujol. Es el retrato de
una época. Quizás por eso ayer se congregaron en una repleta sala de vistas
empresarios, jueces, abogados, presidentes de colegios profesionales, fiscales
e incluso personas que decían haber sido perjudicadas por Piqué años atrás. Ellos
oyeron como en estos tiempos las libertades tenían precio, fijado en reuniones
clandestinas o tomando un café; o como, con naturalidad, las cuentas en Suiza
se apuntaban en papeles que iban de mano en mano. No es sólo un juicio: es el
retrato de un tiempo; el del dinero fácil, el de la confusión entre público y
privado y los escándalos financieros. Eso pasaba en un lugar bautizado como el
oasis catalán, porque nunca pasaba nada.
La Vanguardia, 16 de Septiembre de 2004