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El
turismo en Catalunya crea empleo y riqueza, pero no grandes empresas
El
minifundismo empresarial amenaza los sectores que más crecen de la economía
La
falta de tamaño puede hacer fracasar el proceso de internacionalización
iniciado por las pymes familiares
Las empresas catalanas son demasiado pequeñas. Tanto las manufactureras
que han salido al exterior en los últimos años como las que se mueven en los
sectores que más crecen de la economía: el turismo y la construcción.
RAMON
AYMERICH - 03:16 horas - 15/11/2003
barcelona. – En el 2002 entraron en Catalunya 18 millones de turistas y se
dejaron 10.000 millones de euros. Si se compara por países, Catalunya es el
decimotercer destino turístico del mundo. Sin embargo, sólo tres empresas del
sector figuran entre las 200 primeras catalanas por facturación. Casi nada para
la que es ya una de las primera actividades económica del país. En Baleares,
una realidad cercana, el turismo ha creado grandes grupos que se han
internacionalizado (Meliá, Barceló, Fluxá, Riu) y recurren al mercado de
capitales para financiarse. ¿Por qué no en Catalunya?
“Por diversas razones. Algunas históricas. La empresa catalana ha pasado
décadas dedicada al mercado interior y en un entorno de altos tipos de
interés que no ha facilitado ni la inversión ni el crecimiento”, afirma
Joaquín Trigo, director de Fomento del Trabajo y autor, junto con Ramon
Tremosa y Salvador Guillermo de “L'empresa catalana en l'economia global”,
estudio que analiza la estructura empresarial catalana en el cambio de
milenio.
Que la empresa catalana tiene aversión hacia las tallas grandes ya es
conocido. Pero que esa aversión se extienda a aquellas actividades de mayor
crecimiento, las que han protagonizado un mayor desarrollo en los últimos
veinte años –turismo, construcción, inmobiliario y hostelería– es ya más preocupante.
“Nos ha llevado incluso a preguntarnos por razones culturales. Las sociedades
en las que las empresas familiares son mayoritarias son poco dadas a la
cooperación y a las alianzas. La confianza no va más allá de la propia
familia”, dice Ramon Tremosa, de la Universitat de Barcelona, en referencia a
un reciente libro de Francis Fukuyama.
“El tema es complejo porque las fórmulas de los últimos años, como el capital
riesgo, tampoco han funcionado. Los propietarios ven esas sociedades como un
estorbo antes que como la solución”, añade Trigo.
La falta de dimensión es hoy más preocupante que hace veinte años. Entre 1994
y el 2002, las pequeñas y medianas empresas manufactureras catalanas han
protagonizado una internacionalización exitosa. Han aprovechado el proceso de
integración con Europa y el declive continuado de los tipos de interés. Ellas
solas aporta el 28% de las exportaciones españolas. “Los próximos años serán
más difíciles. Las condiciones no serán las mismas y desde 1997 la
penetración en la zona euro se ha estancado. El crecimiento deberá proceder
de otros mercados y eso, con un euro fuerte es más difícil. Nos hará falta
mayor dimensión”, cuenta Tremosa.
El estudio revela que el grueso de esa internacionalización ha sido obra de
109 empresas familiares que facturan por encima de los 150 millones de euros
y que operan en sectores no regulados. En estos últimos años la farmacia, la
química, el alimentario y el material de transporte han sido los sectores más
dinámicos, pero están aquejados del mismo mal que otras actividades de mayor
tradición histórica, como el textil, la piel o los componentes metálicos: la
falta de tamaño.
Sólo el sector financiero ha ganado la dimensión suficiente para competir
internacionalmente. Los tres primeros grupos empresariales catalanes (La
Caixa, grupo Sabadell y Caixa Catalunya) pertenecen a ese sector. Dentro de
los diez primeros, cinco le pertenecen, si a ellos se suman las aseguradoras
Catalana de Occidente y Asepeyeo.
Paradójicamente, la falta de conexión entre el sector financiero y las
empresas productivas ha sido conceptuado como uno de los problemas
tradicionales para el crecimiento de las pymes catalanas.
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