La lucha de cajas

MAYÚSCULAS y minúsculas han vivido a lo largo de los años una guerra de clases

QUIM MONZÓ - 03/09/2004

Hoy, 3 de septiembre, se cumplen 42 años de la muerte de e. e. cummings, que escribía su nombre y sus versos sin utilizar las mayúsculas. El poeta ha sido siempre una trampa para los correctores desinformados, que tienden a seguir el impulso de convertirlo en E. E. Cummings, como hacen aún ahora muchas enciclopedias –bien por rabia, bien por miedo a que algún lector los acuse de una errata–, ignorando que el poeta consiguió cambiar legalmente a e. e. cummings su antiguo nombre, Edward Estlin Cummings. El uso militante de las iniciales lo liga con J. V. Foix, otro escritor al que los funcionarios de los nomenclátores tienden a retocar el nombre; en este caso, convirtiéndolo en Josep Vicenç Foix.

La bandera de las minúsculas que e. e. cummings enarboló era una cuchillada a aquellos poemas clásicos en los que la primera letra de cada verso aparecía en mayúsculas, independientemente de que correspondiese a un nombre propio o fuese inicio de frase, como para anunciar: “Ojo, que esto es poesía y no vulgar prosa”. Mayúsculas y minúsculas han vivido a lo largo de los años una guerra de clases que tiene su origen en la posición que unas y otras ocupaban en los antiguos cajones de las imprentas. Hoy, para el común de la gente caja alta y caja baja no significan nada, pero estoy convencido de que su alternancia en el favor cultural nace de esa colocación inicial, similar a la de ricos y pobres en las ciudades: los unos en la parte alta y los otros en la baja.

Uno de los campos de esta batalla ha sido el de las siglas. Afortunadamente olvidados los puntos tras cada letra, se acostumbra a escribir ONU y no Onu, pero, en cambio, se admite Unesco y pocos piden que se escriba UNESCO. Es una incongruencia, y la prueba es que, el domingo pasado, en su artículo en el Magazine, Andrés Trapiello hablaba sin ningún problema de la Urss; así, con sólo la mayúscula inicial. Desde hace mucho tiempo los italianos marcaron la pauta cuando decidieron escribir las siglas de esa forma. De modo que el PSOE y el PP son, en la prensa de aquel país, Psoe y Pp. El motivo, alegan, es que las mayúsculas llaman mucho la atención y es injusto que, en el texto, el nombre de un partido o una empresa destaque más que el de una persona. Me parece sensato. Un caso excepcional es el de la palabra sida, que durante los años ochenta veíamos escrita como S.I.D.A., y luego SIDA, y a la que todas las mayúsculas –incluida la primera– se le transmutaron enseguida en minúsculas. Quizá para compensar esas victorias de la caja baja, la caja alta gana aún batallas entre las facturas de los albañiles, en las que se leen conceptos como: “TAPAR JUNTAS, COLOCAR AZULEJOS, DERRIBAR TABIQUE DEBAJO ESCALERA Y SACAR ESCOMBROS: 364,75 EUROS”. Y así, páginas y páginas.

e. e. cummings murió en 1962, una buena época para las minúsculas. En los años sesenta y setenta, en las cubiertas de libros y de discos, en los anuncios y hasta en las tarjetas de visita estaba de moda ponerlo todo en minúsculas. En cambio, ahora sucede todo lo contrario. No son sólo los restaurantes –que en la carta te anuncian “Rabo de Buey” y “Flan Casero”– sino hasta los anuncios más serios: “Cursa la Carrera del Futuro”, como si de repente tuviésemos que escribir igual que en alemán. Es la distancia que va de aquel entonces, en el que se alardeaba de humildad impostada, a este ahora en el que reina la ampulosidad, sin que a nadie parezca molestarle lo más mínimo que se le vea descaradamente el plumero.

 

La Vanguardia, 3 de Septiembre de 2004

 

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