Un “contrato” por Internet
Falsos acuerdos comerciales
camuflan la llegada de inmigrantes
Una banda de
traficantes arrojó al mar a 26 mujeres desde un carguero; seis de ellas se
ahogaron
RAFAEL
POCH - 29/11/2003
Qingtian.
Corresponsal
Una empresa aceitera de Jaén con página en Internet recibe un mensaje desde Qingtian. “Somos la empresa alimentaria
Floreciente Primavera. Buscamos aceite español para comercializar en China y
quisiéramos recibir unas muestras de su producción.” Días después, la empresa
recibe un giro de 300 euros para pagar el envío de las muestras. Los de Jaén
están encantados con la apertura de esta inesperada ventana al mercado chino
(1.300 millones de consumidores) y el entusiasmo crece con un segundo mensaje
acusando recibo de la muestra y solicitando una pequeña partida para “estudio
de mercado”. Un nuevo giro, éste de 2.000 euros, atestigua la seriedad del
asunto y la tercera comunicación ya es para solicitar a los andaluces una
invitación para una delegación china que acudirá a España a discutir un trato.
La empresa china anuncia que su delegación será de cuatro personas y los
españoles hacen la gestión. Concluido el trámite consular, de Floreciente
Primavera nunca más se supo. Nadie reclama los 2.000 euros y los de Jaén están
estupefactos: sin saberlo han metido en España a cuatro ilegales, y a un precio
ridículo.
A esta emigración ilegal se le puede seguir el rastro, más o menos, pero a la
que utiliza el “canal gris” de las organizaciones de la mafia, tradicionalmente
muy activas en la costa meridional de China, es más complicado.
El 26 de agosto, 26 mujeres chinas que estaban siendo conducidas a Taiwán,
donde suelen engrosar las redes de prostitución, fueron lanzadas al mar desde
una lancha, al acercarse un guardacostas. Seis de ellas murieron ahogadas, en
un caso que la prensa china divulgó ampliamente. Las mujeres, la más joven de
18 años, habían zarpado en lanchas rápidas de un puerto de Fujian
y cada una había pagado 5.000 euros por la operación. El responsable acaba de
ser condenado a muerte en Taiwán.
Para emigrar a Estados Unidos la tarifa es mucho mayor y puede alcanzar los
60.000 euros. Uno de los procedimientos usados por los modernos traficantes de
personas es embarcar a los emigrantes en cargueros en
mar abierto, tras una navegación en lanchas desde la costa.
En uno de los casos más notables entre los conocidos, un tribunal de Nanjing condenó en enero a un clan de “cabezas de
serpiente” –jefes de grupo de una tríada, la versión china del crimen
organizado– que se dedicaba a la emigración en el sur de China. Estaba
compuesto por 42 personas. Los cuatro dirigentes fueron condenados a prisión de
por vida y los demás, a penas que iban de dos a quince años de cárcel.
Para las autoridades chinas, la emigración ilegal es un mero problema de
imagen. Al igual que los trabajadores españoles en Alemania en los sesenta, los
emigrantes chinos contribuyen hoy de forma notable al desarrollo e incremento
de la renta nacional, dos prioridades de China. Demostrar un exceso de celo en
combatir la emigración no tiene mucho sentido económico para China, como no lo
tuvo en su día para España.
La Vanguardia 29 de noviembre de 2003