Nissan advierte que fabricar en China es mucho más rentable que en Europa
Ghosn considera EE.UU. el mercado automovilístico más barato del mundo

FORO ECONÓMICO MUNDIAL DE DAVOS

El presidente de Infineon anuncia que el 30% de las inversiones de la compañía se destinarán al gigante asiático

El inmenso mercado de consumidores, los bajos costes salariales y el potencial humano aceleran las inversiones

Las grandes corporaciones industriales están convencidas de que China va a marcar el pulso de la economía mundial. Para Carlos Ghosn, presidente de Nissan, la rentabilidad que se puede obtener invirtiendo en China es mucho mayor que en Japón y, desde luego, bastante mayor que en Europa.

PIERGIORGIO M. SANDRI - 23/01/2004
Davos. Enviado especial

Para los empresarios, China viene antes que Europa. Carlos Ghosn, presidente de Nissan, dio ayer un claro mensaje sobre las futuras estrategias del grupo. “El mercado más rentable para nosotros es Estados Unidos. Pero justo detrás ahora está China, que es mucho más rentable que el europeo.” El grupo automovilístico japonés parece orientar cada vez más sus miradas hacia Asia, mientras que el Viejo Continente (Nissan cuenta con plantas en Catalunya y en el Reino Unido), va a pasar a un segundo plano.

“Estamos todos sometidos a las reglas del mercado. Nissan, en particular es muy sensible. En el pasado ya vivimos una mala racha y no queremos que vuelva a pasar algo similar”, dijo el presidente del grupo nipón, cuando se le preguntó sobre el futuro de las instalaciones de Nissan en Europa. Las declaraciones de Ghosn se suman a la advertencia lanzada por Nissan la semana pasada respecto a su planta de Zona Franca, que emplea a unas 3.000 personas. La compañía japonesa afirma que de no mejorar la competitividad sobrarán 900 empleos en el 2007 y reclama una reducción de costes del 31%.

Ghosn estima que “el crecimiento en China va a ser muy superior”. Una opinión que compartieron varios empresarios y expertos que ayer participaron en la segunda jornada del Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza. Ante los presuntos riesgos de sobrecalentamiento de la economía china (en particular, ante el repunte de la inflación), el mundo empresarial y económico cree que el crecimiento de ese país es sostenible y que va a seguir en los próximos meses. Pekín atrae 500.000 millones de dólares en inversiones extranjeras y la tendencia no parece que vaya disminuir, por ahora. “Hay un enorme potencial para que se incremente la productividad”, afirmó Donald Evans, secretario de Comercio de EE.UU.

Urlich Schumacher, presidente de la firma alemana de “chips” Infineon, aseguraba que “no es algo problemático hacer dinero en China. Los conocimientos técnicos ya son excelentes y llegarán a ser incluso más eficientes”. Igual que Ghosn, también Schumacher se mostró escéptico sobre Europa. “En China la gente sabe que el país aún tiene problemas estructurales, ojalá en Alemania estuvieran conscientes de la misma manera”. El presidente de Infineon también dijo que “es más fácil conseguir un crédito de un banco chino que de un banco alemán”. Por ello, Schumacher anunció que el 30%” de las inversiones globales de la compañía en los próximos años se dirigirán hacia el gigante asiático, en particular en las zonas rurales del interior, donde los márgenes de crecimiento son aún más elevados.

También en el sector financiero, el interés de las firmas es creciente. Victor L. Chu, presidente de la firma de inversiones de Hong Kong, First Eastern Investments, explicaba que “el mejor momento para ir a China es ahora, ya que el yuan está pegado al dólar y esto da estabilidad, por lo menos en los próximos meses”. Para Victor L. Chu, “los activos chinos son definitivamente un buen negocio”.

El inmenso mercado de consumidores y los bajos costes salariales representan para muchas compañías los motivos más frecuentes para implantarse en China. Pero el factor humano es otro de los puntos cruciales que las empresas toman en consideración. “China es una sociedad que quiere aprender. Y esto permite a largo plazo mejorar los costes de producción”, afirmó Ghosn.

No obstante, en medio de tanta euforia, no faltaron algunas sombras. Victor L. Chu avisó sobre los obstáculos burocráticos y culturales y recordó “que no se puede tener éxito en China sin tener unas buenas relaciones personales. Para formar un buen equipo se necesita un cóctel de múltiples canales y esto puede tardar años”. Donald Evans reconoció que “en China el sistema bancario no funciona como tal y que el monto de créditos dudosos ya representa el 34% del total”. Un banquero internacional contactado por este diario subrayó que los créditos están creciendo tal vez demasiado rápido, cuando la mayoría de las entidades tienen que alcanzar unos estándares internacionales.

También quedan unas cuantas incógnitas sobre la protección de los derechos de propiedad intelectual. Según se comentaba en el Foro, el 90% de los CD y DVD piratas proceden desde China. Algunas empresas occidentales también advirtieron que los acuerdos de asociación con las empresas locales (la estrategia más común, por lo menos en los comienzos, para abrirse un camino en el mercado) son un terreno fértil para que el socio chino aproveche los conocimientos y se lance a hacer falsificaciones

Aun así, el sentimiento general es que la economía de Pekín va a marcar el pulso en los próximos años, no sólo de las empresas, sino incluso de los gobiernos. Como comentaba Bruce Nussbaum del “Business Week”, “aquí en Davos sólo se habla de China. Incluso cuando hablamos del crecimiento de EE.UU., nos toca hablar de China.”

La Vanguardia 23 de enero de 2004

 

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